Tú y tu incesante balance de alma
danzante...
De antemano, te pido perdón la
incontable cantidad de besos que depositare en tus omoplatos cada mañana al
despertar prendida de tu cuerpo. Probablemente en más de una ocasión
durante la noche me sorprendas olisqueándote el cuello y acariciando tu sexo;
no puedo evitarlo, me tienes loca de amor. Soy presa de tu sonrisa, de tus dóciles
labios, he caído en tu frenesí y cuando intente escapar mi nariz se enrollo
entre tus aromas y decidió aventurarse a seguir el camino de tu silueta sobre
la cama.
Has imantado a tú piel todos mis
sentidos y me encanta saberme tuya, soy tuya desde aquel primer beso, tuya
desde aquella primera noche. En tu ombligo he concebido un mar en donde
escurrir mi lengua a destajo y ahogarme en la oscilación de nuestros cuerpos,
uno sobre otro, chupándose, mezclándose, jugando a conocerse.
Sin dudarlo te he entregado mis caderas
para que las lijes a tu antojo y tú, tu has decidido hacerme caer hasta el
umbral de tus claros y oscuros, has puesto a mis pechos a danzar en puntas
sobre tu piel y me has viciado tanto, que nuestras sombras se han compaginado
sobre la pared en formas dignas de una noche que nunca termina.
Antes de besarte solía pensar que la
violencia era agresión; pero tu boca ha violentado la mía tantas veces
que he desarrollado un gusto particular por tus abusos. Arremetes contra mi cuerpo
una y otra vez, me estrujas las nalgas, me clavas las uñas, me rompes y me armas.
Me jalas con tanta fuerza que te llevas
trozos de mí y me los regresas en forma de embestida. Amor, de antemano te pido
perdón, por cargar con estas sugilaciones como condecoraciones de batalla, no
puedo evitarlo, me tienes loca de amor.
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