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domingo, 27 de marzo de 2016

De los bailes. (Deconstrucción)


Tú y tu incesante balance de alma danzante...

De antemano, te pido perdón la incontable cantidad de besos que depositare en tus omoplatos cada mañana al despertar prendida de tu cuerpo. Probablemente en más de una ocasión durante la noche me sorprendas olisqueándote el cuello y acariciando tu sexo; no puedo evitarlo, me tienes loca de amor. Soy presa de tu sonrisa, de tus dóciles labios, he caído en tu frenesí y cuando intente escapar mi nariz se enrollo entre tus aromas y decidió aventurarse a seguir el camino de tu silueta sobre la cama.

Has imantado a tú piel todos mis sentidos y me encanta saberme tuya, soy tuya desde aquel primer beso, tuya desde aquella primera noche. En tu ombligo he concebido un mar en donde escurrir mi lengua a destajo y ahogarme en la oscilación de nuestros cuerpos, uno sobre otro, chupándose, mezclándose, jugando a conocerse.

Sin dudarlo te he entregado mis caderas para que las lijes a tu antojo y tú, tu has decidido hacerme caer hasta el umbral de tus claros y oscuros, has puesto a mis pechos a danzar en puntas sobre tu piel y me has viciado tanto, que nuestras sombras se han compaginado sobre la pared en formas dignas de una noche que nunca termina.

Antes de besarte solía pensar que la violencia era agresión;  pero tu boca ha violentado la mía tantas veces que he desarrollado un gusto particular por tus abusos. Arremetes contra mi cuerpo una y otra vez, me estrujas las nalgas, me clavas las uñas, me rompes y me armas.


Me jalas con tanta fuerza que te llevas trozos de mí y me los regresas en forma de embestida. Amor, de antemano te pido perdón, por cargar con estas sugilaciones como condecoraciones de batalla, no puedo evitarlo, me tienes loca de amor.
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