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sábado, 26 de septiembre de 2015

Levitación (Octubre/2014)



Levitación

Hoy son de esas noches a media luz en las que me topo con sombras queriendo treparse en mis juicios, son horas talantes que compiten con la fatiga del subconsciente; y es que en la incertidumbre de pensar o no pensar, termino por abatirme en las querellas que he provocado con el exceso de aceite que le he puesto a los engranes de mis designios. 

La oscuridad y yo nos hemos compaginado ya no distingo entre mis bordes y su invasión, el peso de las cadenas de la lobreguez me calcina la piel sobre las sabanas cual tizón ardiente nacido en las entrañas del maligno; es agotador lidiar con los laberintos de la psique si tan solo pudiera sostener una idea, me la devoraría en dos bocados con riesgo a envenenarme en el intento.

Pero luego, llega el alba, intentando iluminar mis oscuros, le doy rienda a las permutaciones del alma, me suelto y me suspendo seis segundo en el vacío para caer en la calma pero tristemente acabo rendida en las quimeras de viejos sinsabores y así navego cual pirata en el país de las elegías mientras tarareo Mad Rush de Philip Glass porque siempre he pensado que es el acompañamiento perfecto para los días grises, porque ¿de que sirve pintarse de gris si no te vas a escarbar las tonalidades?, cuantas veces en la vida te encuentras con la oportunidad de no poder escapar de tus miedos, correr es postergar lo inevitable, así que aquí estoy con la luz de la mañana quemándome las pestañas aunque poco importa si quemada ya me siento, desollada de pies a cabeza, hundida en las cloacas más subversivas del entorno y así levitando entre sueños y realidades se me gastan las noches y los días

Mharan

miércoles, 23 de septiembre de 2015

100 palabras

Querida nefelibata:

¿Ya me contaras como fue que me hice merecedora de un plantón y de un subversivo silencio?

Hoy soñé contigo y desperté queriendo saber.

(Respecto a soñarte, el mismo rostro de extrañeza  que tienes ahora lo tuve al despertar)(Respecto a cuestionarte, en mi defensa puedo decir que la necedad es mi mejor y mí peor)

¿Qué porque quiero saber?  No es por ego, no es por apego. Es porque si soy culpable de errar en el cortejo, debo saber, necesito saber para no perderte en las próximas vidas, para entonces poder disfrutarte y amarte; así sin adjetivos.



Mharan

domingo, 13 de septiembre de 2015

Lunes

La noche del lunes te descubrí mirando hacia mi ventana, te vi por medio del espejo de mi sala y a esa distancia pude percibir como se te agitaba la respiración mientras saboreabas mi silueta desnuda. Cometiste un gran error, no puedes mirarme sin mi permiso y ahora te voy atormentar hasta que vengas corriendo a mi puerta a confesar tu delito.


Voy a pasearme desnuda frente a ti todos los días hasta que no puedas pensar en otra cosa que no sea poseerme, me voy a meter en tus sueños, voy hacerme dueña de ti y acabaras por suplicarme una aventura…. 


Mharan

martes, 8 de septiembre de 2015

De colores


Un día ella me dijo:

"Anaranjado, rojo, azul, pasamos por muchos matices en nuestros encuentros, degradamos colores.

Mañanas pintadas color azafrán, que bien reflejaban nuestra raíz nuestros comienzos.

Tardes trazadas color carmesí; que no solo personificaban pasión, no solo era amor, era un apego magnético que recorría y transitaba cada poro cada vena. Era simplemente frenesí color carmesí.

Y que decir de esa habitación azul, días enteros teñidos color añil, de índigo pasamos a zarco mil veces en una sola noche, de la profundidad al fulgor, de tu piel a mi piel, de tu sed a mi sed.

En donde con una sola mirada ideaba una buena roma, un simple terceto"


Señorita Veneno, siempre fue un placer.




Espantapájaros - Oliverio Girondo (mi poema favorito)

No se me importa un pito que las mujeres
tengan los senos como magnolias o como pasas de higo;
un cutis de durazno o de papel de lija.
Le doy una importancia igual a cero,
al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco
o con un aliento insecticida.
Soy perfectamente capaz de soportarles
una nariz que sacaría el primer premio
en una exposición de zanahorias;
¡pero eso sí! -y en esto soy irreductible
- no les perdono, bajo ningún pretexto, que no sepan volar.
Si no saben volar ¡pierden el tiempo las que pretendan seducirme!
Ésta fue -y no otra- la razón de que me enamorase,
tan locamente, de María Luisa.
¿Qué me importaban sus labios por entregas y sus encelos sulfurosos?
 ¿Qué me importaban sus extremidades de palmípedo
y sus miradas de pronóstico reservado?
¡María Luisa era una verdadera pluma!
Desde el amanecer volaba del dormitorio a la cocina,
volaba del comedor a la despensa.
Volando me preparaba el baño, la camisa.
Volando realizaba sus compras, sus quehaceres...
¡Con qué impaciencia yo esperaba que volviese, volando,
de algún paseo por los alrededores!
Allí lejos, perdido entre las nubes, un puntito rosado.
"¡María Luisa! ¡María Luisa!"... y a los pocos segundos,
ya me abrazaba con sus piernas de pluma,
para llevarme, volando, a cualquier parte.
Durante kilómetros de silencio planeábamos una caricia
que nos aproximaba al paraíso;
durante horas enteras nos anidábamos en una nube,
como dos ángeles, y de repente,
en tirabuzón, en hoja muerta,
el aterrizaje forzoso de un espasmo.
¡Qué delicia la de tener una mujer tan ligera...,
aunque nos haga ver, de vez en cuando, las estrellas!
¡Que voluptuosidad la de pasarse los días entre las nubes...
la de pasarse las noches de un solo vuelo!
Después de conocer una mujer etérea,
¿puede brindarnos alguna clase de atractivos una mujer terrestre?
¿Verdad que no hay diferencia sustancial
entre vivir con una vaca o con una mujer
que tenga las nalgas a setenta y ocho centímetros del suelo?
Yo, por lo menos, soy incapaz de comprender
la seducción de una mujer pedestre,
y por más empeño que ponga en concebirlo,
no me es posible ni tan siquiera imaginar
que pueda hacerse el amor más que volando.

jueves, 3 de septiembre de 2015

Un cuento de terror


     La sangre le escurría entre los dedos, su respiración estaba agitada pero era casi un diminuto resoplido comparado con los gritos de su víctima. ¿Qué estoy haciendo? ¿Por qué se siente tan bien?...  Se cuestionaba.

– Daniel, ¿Por qué te detienes? ­­ – cuestionó ­– ¡Continua! – le ordenó.  

    Violentamente continúo su búsqueda en la dermis de su víctima. Sus uñas se le rebosaban de trozos de cuero, sus movimientos eran tan rápidos que cualquiera pudiera pensar que buscaba hacerse una guarida en la espalda de aquella delgada mujer. Su víctima extendida de manos contra la pared, con el vestido hasta la cintura, dando alaridos que pudieran destantear a cualquier experto en el arte de la sensualidad. ¿Estará sufriendo? ¿Lo estará disfrutando?... Se cuestionaba.

      – ¿Te gusta? ¿Te gusta poseerme de esta forma? ¡Contéstame, Daniel! – exclamo mientras le chirriaban los dientes

      Las marcas de las uñas de Daniel habían quedado para siempre grabadas en la espalda de Lorena como símbolo de su aventura. ¿Cómo es que habían llegado a este punto? Ninguno de los dos tenía la respuesta. Todo había comenzado con un simple coqueteo en la barra de un bar, había trasmutado a un par de salidas al café, conversaciones nocturnas en Facebook, un juego de miradas y para culminar una sólida cantidad de arañazos en la espalda.


         Así es como imagino que todo sucedió cuando recuerdo aquel día que llegaste a casa llorando y  con la espalda ensangrentada; y al cuestionarte solo pudiste decir: “Era un juego, se me salió de las manos, lo siento, te quiero, no preguntes”



martes, 1 de septiembre de 2015

Espero curarme de ti - Jaime Sabines




Espero curarme de ti en unos días. Debo dejar de fumarte, de beberte, de pensarte. 

Es posible. Siguiendo las prescripciones de la moral en turno. 
Me receto tiempo, abstinencia, soledad.

¿Te parece bien que te quiera nada más una semana? 

No es mucho, ni es poco, es bastante. En una semana se puede reunir todas las 
palabras de amor que se han pronunciado sobre la tierra y se les puede prender 
fuego. Te voy a calentar con esa hoguera del amor quemado. Y también el silencio. 
Porque las mejores palabras del amor están entre dos gentes que no se dicen nada.

Hay que quemar también ese otro lenguaje lateral y subversivo del que ama. 

(Tú sabes cómo te digo que te quiero cuando digo: «qué calor hace», «dame agua», 
«¿sabes manejar?», «se hizo de noche»... 
Entre las gentes, a un lado de tus gentes y las mías, te he dicho «ya es tarde», y tú 
sabías que decía «te quiero»).

Una semana más para reunir todo el amor del tiempo. 

Para dártelo. Para que hagas con él lo que quieras: guardarlo, acariciarlo, 
tirarlo a la basura. No sirve, es cierto. Sólo quiero una semana para entender 
las cosas. Porque esto es muy parecido a estar saliendo de un manicomio 
para entrar a un panteón.

Jaime Sabines
Se vale enloquecer si se trata de SER