Antes de besarle solía
pensar que la violencia era agresión; pero
su boca violento la mía tantas veces que desarrolle un gusto particular por ese
abuso al que era sometida. Con esa flecha viperina que trae por lengua, entraba y
frotaba la mía desde el vértice hasta los bordes, me aspiraba tan fuerte que podía
sentir como si un torbellino recorriera todo mi cuerpo, con una mordida en los
labios me hacía saber que estaba dispuesta a paralizar el tiempo, arremetía
contra mi boca una y otra vez, invadía mis ojos y se sumergía en mi iris, debo
decir que me encantaba que lo hiciera, disfrutaba mirar los ojos de mi atacante
a 10 milímetros de distancia, respirar de su nariz e intentar tocarle el rostro para que mis caricias le
dijeran lo perfecto que era dejar mi cuerpo en sus manos.
Lo mejor era cuando en un
movimiento busco se detenía, me inspiraba del cuello a la nariz, sembraba sus
uñas largas en mi sien y con la mano izquierda me apretaba las nalgas, las estrujaba
con movimientos desesperados, me miraba, se mojaba los labios y continua su búsqueda
accidentada en mi boca, algo quería de mí, lo podía sentir. Algunas veces pensé
que quería comerme viva, que quería romperme en pedazos para luego
reconstruirme o que a lo mejor pensaba que podía atravesar su cuerpo con el mío,
me jalaba hacia ella con tanta fuerza que se llevaba trozos de mí, me hacía
sentir que ya no era dueña de mis pasos; y la verdad, se sentía bastante bien.

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