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jueves, 3 de septiembre de 2015

Un cuento de terror


     La sangre le escurría entre los dedos, su respiración estaba agitada pero era casi un diminuto resoplido comparado con los gritos de su víctima. ¿Qué estoy haciendo? ¿Por qué se siente tan bien?...  Se cuestionaba.

– Daniel, ¿Por qué te detienes? ­­ – cuestionó ­– ¡Continua! – le ordenó.  

    Violentamente continúo su búsqueda en la dermis de su víctima. Sus uñas se le rebosaban de trozos de cuero, sus movimientos eran tan rápidos que cualquiera pudiera pensar que buscaba hacerse una guarida en la espalda de aquella delgada mujer. Su víctima extendida de manos contra la pared, con el vestido hasta la cintura, dando alaridos que pudieran destantear a cualquier experto en el arte de la sensualidad. ¿Estará sufriendo? ¿Lo estará disfrutando?... Se cuestionaba.

      – ¿Te gusta? ¿Te gusta poseerme de esta forma? ¡Contéstame, Daniel! – exclamo mientras le chirriaban los dientes

      Las marcas de las uñas de Daniel habían quedado para siempre grabadas en la espalda de Lorena como símbolo de su aventura. ¿Cómo es que habían llegado a este punto? Ninguno de los dos tenía la respuesta. Todo había comenzado con un simple coqueteo en la barra de un bar, había trasmutado a un par de salidas al café, conversaciones nocturnas en Facebook, un juego de miradas y para culminar una sólida cantidad de arañazos en la espalda.


         Así es como imagino que todo sucedió cuando recuerdo aquel día que llegaste a casa llorando y  con la espalda ensangrentada; y al cuestionarte solo pudiste decir: “Era un juego, se me salió de las manos, lo siento, te quiero, no preguntes”



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