Querida nefelibata:
¿Ya me contaras como
fue que me hice merecedora de un plantón y de un subversivo silencio?
Hoy soñé contigo y desperté queriendo saber.
(Respecto a soñarte, el mismo rostro de extrañeza que tienes ahora lo tuve al despertar)(Respecto
a cuestionarte, en mi defensa puedo decir que la necedad es mi mejor y mí peor)
¿Qué porque quiero saber? No es por ego, no es por apego. Es porque si
soy culpable de errar en el cortejo, debo saber, necesito saber para no
perderte en las próximas vidas, para entonces poder disfrutarte y amarte; así
sin adjetivos.
Mharan

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